Lo sublime es algo difícil de explicar y supongo que también de experimentar. A mí me gusta entenderlo como lo describían los poetas románticos, una belleza que no se puede entender en términos racionales. Me gusta pensar en una belleza fuera de cánones, que no sigue reglamentos ni parámetros preestablecidos. Una belleza salvaje, intangible.
Lo sublime te sobrecoge, te coge por dentro y hace que el mundo, ese mundo que nos empeñamos en racionalizar, se pare ante nuestros ojos y nos demuestre la insignificancia de nuestra simple existencia. Las veces que he creído estar cerca de lo sublime he sentido la parte más irracional de mí elevarse, transcender de mí propio ser conectándome con todo lo que me rodea. Una sensación de todo que hace que durante esos momentos todo cobre sentido, momentáneamente.
En este mundo de fe racional y científica necesito de lo sublime, pues me hace recordar que nuestra esencia está hecha de emoción, no de razón.
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